lunes, 4 de mayo de 2015

Diario de Viaje - Día 5 – Cafayate. La Comunidad Diaguita Suri


Nos fuimos a dormir la noche anterior con un Tannat de “Siete Vacas” encima y unos tamales que nos preparó muy amablemente la mamá de Luisa. Eran un manjar, el mejor tamal que probé durante todo el viaje. Cuando regresamos de tomar el helado de vino, Lucas ya estaba como en su casa charlando en la cocina con Rocío (la hermana de Luisa) y su novio. Había logrado comer un par de tamales más. 
Al otro día temprano, nuestro compañero de ruta seguía su camino, se tenía que volver antes que nosotros a Buenos Aires y pensaba llegar hasta La Quiaca, así que partió esa mañana. Volveríamos a comunicarnos con él casi todos los días vía Whatsapp.


Nosotros desayunamos y después nos fuimos a la Dirección de Turismo y la verdad es que no nos dieron demasiada bolilla, digamos, fuimos un poco insistentes y algunas cosas nos dijo la señora que atendía allí. Apenas un mapa fotocopiado y referencias básicas que no sirvieron de mucho. La realidad es que más adelante íbamos a darnos cuenta de que ese tipo de atención se convertiría casi en una constante.
Cafayate está ubicada al sudoeste de Salta, limita con la provincia de Tucumán y es reconocida por los vinos que se elaboran allí. El origen de su nombre no es algo que se sepa a ciencia cierta. Hay varias versiones, por ejemplo una versión afirma que deriva del Quechua y significa “cajón de agua”, otra versión remite al Cacán, antiguo idioma Diaguita y quiere decir “sepultura de penas”. Existen otras versiones, a mí me gusta la que dice que deriva de Yaco: pueblo y Capac: riqueza, o sea “pueblo de Capac” o “pueblo que lo tiene todo”.

Cafayate fue fundada en el año 1840 por Manuel Fernando de Aramburu, un coronel del ejército español, quien de acuerdo a la voluntad de su madre, creó el santuario de la Virgen del Rosario. Entre sus atractivos turísticos se puede visitar el Museo de la vid y el vino, el Museo Arqueológico, la Quebrada de las Conchas y la zona del Divisadero en cuyo lugar, con la ayuda de un guía, se puede remontar el Rio Colorado y llegar hasta las siete cascadas e implica una caminata extensa de aproximadamente 4 o 5 hs.
Camino a Dirección de turismo pasamos por la terminal del Aconquija, la línea de micros que hace el recorrido San Miguel de Tucumán-Cafayate. Justo en ese mismo momento vimos que llegaba un micro y desde una de las ventanillas nos saludaba Marcos, el sanjuanino que habíamos visto por última vez en Tafí. Llegaba con Juan, con quien estábamos en contacto por celular. Nos contaron que habían estado en Amaicha, en Pacha Cuty, y estaban a las puteadas porque Juancito y Marcos, los encargados del hostel, se habían despachado con algunas de sus bromas pesadas. Daba mucha gracia ver la calentura que tenía el sanjuanino, no sé cuántas veces vociferó: “el culiao ese”. Desde Cafayate se iban para San Carlos, 22 km. camino a Angastaco. No los volvimos a ver pero seguimos en contacto con ellos.

Entrada a "El Divisadero" y camino a las cascadas
Por la tarde nos fuimos para la zona del Divisadero, teníamos la idea de comer algo y tomar unos mates a orillas del Rio Colorado. Es una reserva natural preservada y protegida por la comunidad Diaguita Suri que habita aquellas tierras. En la entrada de la reserva anotan a cada visitante por si se llegan a perder camino a las cascadas y piden una colaboración económica ya que no se cobra entrada. Hay guías de la comunidad que por una colaboración te hacen el tour hasta la séptima cascada o hasta donde te dé el cuerpo. La remontada por el rio no es fácil, por eso se necesita de un paisano que conozca la zona. Pusieron unos puestos de artesanía y un barcito. También hay un camping que aparenta estar muy bien equipado. La comunidad mantiene la limpieza y el orden del lugar. Nos contaron que el Estado ni siquiera pasa a buscar la basura, que son ellos mismos quienes la cargan para llevarla a la ciudad. Da gusto pasar la tarde allí entre los árboles y el sonido del agua cristalina que desciende desde los cerros, allá a lo alto, a unos 4600 msnm. Mientras estábamos buscando un lugar para pasar la tarde, aparecieron el Doc oculista y su amigo, los mismos que habíamos visto por última vez en Tafí cuando nos despedimos todos los ocupantes del “Nómade”. Iban a remontar las cascadas, unos días después corroboramos que pudieron ir y volver sanos y salvos.
Al regresar por el camino de ripio fuimos a unas cuevas donde quedaron rastros de arte rupestre que los antiguos moradores del lugar utilizaban para comunicar su idiosincrasia. Habían dejado plasmado en grandes piedras, algunas de sus costumbres. Allí también había guías, que por una colaboración te acompañaban hasta las cuevas. Para llegar a éstas se atraviesa un camino en cuyos márgenes hay varias casas pertenecientes a la comunidad. Nuestro guía fue René, un chico de 15 años que durante el verano se dedica a ganarse unos pesos con el turismo. Es miembro de la comunidad Diaguita Suri y vive en una de esas casas. El resto de los habitantes son mayormente parientes suyos, así, a medida que caminábamos nos contaba que allí estaba su tío, que allá su abuelo, etc. Durante el año René ocupa gran parte de su tiempo en el estudio. Su pasión es la mecánica, hace doble jornada en la escuela técnica de Cafayate recorriendo en moto los 5 km. que lo separan de la ciudad. Es curioso que la doble jornada está cortada entre las 13 y las 16 hs. eso implica que René vuelva a su casa pasada las 20 hs. todos los días de la semana. Luego de escalar unos cuantos metros el cerro por caminos pedregosos llegamos hasta una piedra enorme donde se podían ver varias figuras dibujadas, entre ellas la de un Suri. Este animal es el conocido ñandú del norte, que habita en altura y se encuentra en peligro de extinción. Para la comunidad, el Suri representa a la tierra, la generosidad, la providencia, es el protector de los niños. Más arriba había otras cuevas pero el camino se complicaba un poco y Ani no podía más. Así que decidimos volver. 

Arte rupestre y viñedos camino a "El Divisadero"
Ya habíamos vivido una muy buena experiencia y estábamos cansados. La hospitalidad y la tranquilidad de Cafayate nos habían hecho muy bien, al día siguiente partiríamos a Salta. El viaje iba a sufrir un pequeño “temblor”. Cafayate quedará marcado como un lugar donde siempre se ha de volver.

Cafayate

Correción: Laura Beroldo (http://www.laura-exlibris.blogspot.com.ar) 
Fotos: El Cocoliche

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