sábado, 20 de agosto de 2011

El Luna Park, un emblema en Buenos Aires

El estadio Luna Park se caracteriza por ser un espacio concurrido por gente de todas las edades. Por ejemplo, si hablamos con un niño, seguramente nos responderá que fue a ver “Chiquititas”, “Patito Feo” o “Casi Ángeles”. En cambio, si hablamos con algún adolescente, nos va a decir que vio a Jaime Roos, a Joaquín Sabina o a Catupecu Machu. ¿Sigo consultando? Si hablo con personas de un rango de edad de entre los 30 y los 50 años, me dirá que se emocionó con Sandro, Pimpinela o Los Nocheros. Pero si hablo con un señor jubilado, no dudará en decirme: “en el Luna Park lo vi boxear al mono Gatica”.

Espectáculos infantiles, conciertos de rock y de música melódica, jornadas de boxeo… el Luna Park es eso y mucho más, es un lugar histórico en la Ciudad de Buenos Aires.


Su historia se remonta a 1912 (¿lejos, no?), por ese entonces, se utilizaba como feria de diversiones. Su fundador fue Domingo Pace, un inmigrante italiano que llegó al país cuando tenía 2 años. Primero estuvo ubicado donde actualmente se encuentra el obelisco (Corrientes 1066), pero con la ampliación de la calle Corrientes tuvieron que buscar un nuevo destino.

El año 1923 nos muestra dos hechos importantes. Por un lado, la muerte de Pace y por el otro, la reglamentación de la Municipalidad de la Ciudad, que permitía la realización de combates de boxeo dentro del territorio de la Capital Federal. El proyecto quedó en manos de su hijo, Ismael Pace junto a un amigo de la infancia llamado José Antonio Pepe Lectoure.

Encontrar un nuevo espacio para llevar a cabo las veladas de boxeo no fue tarea fácil, en principio se alquilaban el Teatro Coliseo, el antiguo estadio de River Plate o el de Boca Juniors. Finalmente, después de un tiempo, encontraron unos terrenos en la bajada de la avenida Corrientes que pertenecían al Ferrocarril Buenos Aires al Pacifico. Estos terrenos fueron alquilados por los socios y en febrero de 1932 se inauguró el nuevo estadio con un baile de carnaval. Sin embargo, un pequeño detalle hacía temblar a los socios cada vez que se acercaba una buena jornada de boxeo: el estadio no tenia techo…

Finalmente, en 1934, se inauguró el estadio techado y gracias a una ampliación, en 1940, el mismo contaba con una capacidad para 20.000 personas. Un año después, se logró comprar el terreno y el mítico estadio comenzó a tomar la fisonomía con la cual lo conocemos actualmente.

Tras la muerte de los socios, en la década del 50, el hijo de Pepe, Carlos Tito Lectoure se hizo cargo de la administración del estadio. A partir de allí podemos decir que el Luna Park comenzó a diversificar aún más sus espectáculos. Hacía 1988, el boxeo ya no era un rubro rentable para la empresa y le cerró la puerta a la organización de esos eventos. Sin embargo, tras la muerte de Tito Lectoure, en el año 2002 volvieron al Luna Park las noches pugilísticas.

A raíz de todo esto, me pregunto ¿Quién no conoce el Luna Park? ¿Quién no fue alguna vez a ver algún espectáculo allí? 

Gabriela* se hizo eco de estas preguntas y nos cuenta:

Respondiéndote Diego, podría decirte que durante muchos años yo decía: trabajo al lado del Luna Park. Es decir, en la esquina de Lavalle y Bouchard. Pero ya no te puedo dar estas referencias por razones obvias. Hace años que se construyó una enorme torre que separa el diario LA NACION del Luna Park.

La postal que muchos veíamos en la zona del bajo era algo así

El Luna siempre estuvo ligado a mi familia. Mi papá amaba las peleas de boxeo que allí se realizaban. Un día la llevó a mi mamá y tuvieron que salir corriendo. El encuentro debió ser suspendido, la sangre salpicó a los de la primera fila incluida mi mamá. Sin duda fue un debut y despedida. 

Pero dando una vuelta de página más feliz, el Luna para mí fueron los Harlem Globers Trotters. Siempre íbamos a verlos. Intentar copiar sus pases parecía sencillo, pero luego te dabas cuenta de que resultaba imposible. Ellos eran unos verdaderos trotadores…

Si hablamos del Circo, sin duda El Circo de Moscú marcó definitivamente la infancia de muchos de nosotros. Evitaba siempre dar emociones de peligro en sus números, como traga sables o lanzallamas, los cuales eran comunes en otros espectáculos. Los osos adiestrados seguramente son los que más recuerdo. 

 
Todo esto y mucho más es para mí el Luna Park…

*Gabriela Miño trabaja en el Archivo del diario La Nación y escribe en el Blog El Archivoscopio, si querés leer sus artículos, podés encontrarlos aquí: http://blogs.lanacion.com.ar/archivoscopio/author/gmino/

Corrección: Laura Beroldo (http://www.laura-exlibris.blogspot.com/)
Fuente y fotos: Archivo del diario La Nación

lunes, 8 de agosto de 2011

Zárate–Brazo Largo, un gigante sobre el Paraná

Los puentes son símbolo de unión. En el mes de julio, la República Popular China inauguró el puente más largo del mundo. Son cuarenta y dos metros y medio de hormigón y acero que cruzan la bahía de Jiaozhou y unen las ciudades de Qingdao y Huangdao. En Argentina existen varios puentes importantes pero ninguno de tamaña envergadura. Sin embargo, cumplen la misma función: unir. Personalmente creo que uno de los más importantes es el famoso puente Zárate-Brazo Largo, que cruza el imponente río Paraná y le regala, a cada viajero que lo recorre, una vista maravillosa del paisaje circundante. 

 
El río Paraná separa la Mesopotamia Argentina del resto del territorio y fue, durante muchos años, una barrera que dificultó la integración con el litoral argentino. En la primera década del siglo XIX, las provincias mesopotámicas (Entre Ríos, Corrientes y Misiones) gozaron de cierta prosperidad. Con la llegada de los colonos inmigrantes y la construcción de obras portuarias, los puertos de Colón, Concepción del Uruguay y Gualeguaychú, se convirtieron en importantes centros de comercio sobre el río Uruguay. La actividad agrícola, de la mano de los colonos, posibilitaba una gran cantidad de productos que se comercializaba con el puerto de Buenos Aires.
A partir del desarrollo de los ferrocarriles, se fundó en Entre Ríos el “Ferrocarril de Entre Ríos”. A comienzos del siglo XX, se realizó un acuerdo con el “Ferrocarril Central de Buenos Aires” que llegaba hasta Zárate y se realizó la comunicación entre ambos, pero…¿Cómo cruzarían el Paraná?
Se construyeron barcos trasbordadores o ferrobarcos e instalaciones para la carga y descarga de los vagones. La cosa era simple, los trenes que llegaban al puerto de “Zárate Bajo” desde Buenos Aires eran trasbordados en un barco bien largo que luego cruzaba el Paraná y en el puerto de “Ibicuy”, en Entre Ríos, eran descargados y ubicados en las vías de la provincia para internarse a través de ella. El recorrido por el río era de 106 km. y se tardaba en cruzar entre cuatro y diez horas. En 1907 llegó el ferry Lucía Carbó, que tenía una capacidad para trasbordar 22 vagones. Para el transporte de los autos se utilizaban balsas más pequeñas.

 
Gracias a esta comunicación, se generó un gran crecimiento en la zona y Zárate adquirió el rango de Ciudad. En 1935, David Della Chiesa, un vecino de Gualeguaychú, se entrevistó con el entonces presidente, Juan B. Justo y reclamó de manera categórica: “queremos los puentes”. 
La cosa no fue fácil. Durante la gestión del gobierno de facto del Gral. Onganía, en 1968, se había tomado la decisión de construir el tan ansiado puente. El proyecto preveía un complejo constituido por dos puentes, uno sobre el río Paraná de las Palmas y el otro sobre el Paraná Guazú, y ambos estarían unidos por una carretera de 25 km que cruzaría a lo largo de la isla Talavera. El problema surgió al momento de llamar a licitación. El proyecto quedó inmerso en una compleja red burocrática, plasmada de sospechas de corrupción e intereses privados.

 
En 1970, la Junta de Comandantes de las Fuerzas Armadas designó al Gral. Roberto Levingston como presidente con el objetivo de buscar una salida política, atender los reclamos de los partidos políticos y llamar a elecciones. En el transcurso de ese proceso debía gestionar una política económica de contenido nacional y redistributivo del ingreso. Así fue que en un período de cuatro meses, entre junio y octubre de 1970, se llamó a licitación y se adjudicaron las obras del complejo. El impulso del Ministerio de Obras y Servicios Públicos fue fundamental para llevar a cabo la tarea. También se sancionó la ley N°18.875 llamada de “compre nacional” y, de esta manera, el material importado sólo significaba el 7% de la obra. Además, a los trabajadores que participaron de la construcción, se les brindó una obra social médica, capacitación, vacunación y educación primaria.

Finalmente, el complejo se habilitó al tránsito de autos y trenes entre septiembre y diciembre de 1978 con el nombre de Complejo Ferrovial Zárate-Brazo Largo. Actualmente, el complejo es el más utilizado del país debido a la actividad económica con Brasil y Uruguay en el marco del Mercosur.

 
Corrección: Laura Beroldo (http://www.laura-exlibris.blogspot.com/)
Fuente: FERRER, Aldo, ROUGIER, Marcelo, La Historia de Zárate-Brazo Largo, Las dos caras del Estado argentino, Buenos Aires, 2010. 
Fotos: Cortesía de Maximiliano Catani (http://www.flickr.com/people/30613000@N03/) y Zárate Digital (http://www.zaratedigital.com.ar/)