domingo, 10 de enero de 2016

Diario de Viaje - Día 11 – Humahuaca. Juan Copa y el famoso baile del torito

Cuando amanecimos fuimos a desayunar en el hostel (estaba incluido en el precio por la estadía) y compartimos la mesa con una pareja que se encontraban un poco enfermos. Tuvieron que cortar el viaje para quedarse algunos días en Humahuaca y reponerse de una fiebre fuerte que venían acarreando. Fueron ellos quienes nos contaron cual era el “secreto” para viajar desde Cafayate a Cachi casi directo y no morir en el intento. Queríamos ir a conocer el famoso Hornocal, unos cerros pintorescos que quedan a 30 km de la ciudad. Ellos habían ido el día anterior contratando unas camionetas-remises que salían desde el puente que cruza el Río Grande, el mismo rio que cruza toda la quebrada humahuaqueña. 

Allí fuimos y nos encontramos con Juan Copa, un señor muy amable que ofició de guía turístico. Porque uno puede estudiar mucho y ser un excelente Licenciado en Turismo, digamos, pero si no se conoce el lugar donde se darán las visitas guiadas la verdad es que los títulos valen muy poco. Juan conocía muy bien todo Humahuaca y sus alrededores pero no era Licenciado. Había nacido en Palca, un pueblo vecino que queda camino al Hornocal. De chico ayudaba a su madre llevando hasta la ciudad verduras y corderos vivos para venderlos en el mercado. El camino desde Palca lo hacían caminando y tardaban alrededor de 11 horas. Este gran esfuerzo lo realizaban durante los meses de verano, el resto del año viajaban hacia un ingenio cercano a la ciudad de Oran donde su padre cada temporada era contratado por una compañía azucarera. Allí viajaba toda la familia a vivir en una comunidad de trabajadores del ingenio donde además de vivienda, tenían la oportunidad de ir a la escuela. Nos contó que era creyente de la Virgen de la Candelaria (dudo que en Humahuaca haya gente que no sea creyente de la virgen), dijo que no era de ir a la iglesia pero que le gustaba rezar en su casa. En agosto, el día de la Pachamama no trabaja, según él, vive una jornada espiritual, de agradecimiento a la madre tierra. Estas cuestiones religiosas y espirituales nos llamó mucho la atención ya que, en general, la gente de la quebrada adora a su virgen y al mismo tiempo a la Pachamama, de alguna manera que no llegué a comprender del todo, ambas creencias se conjugan y viven complementándose en la idiosincrasia de los quebradeños. Cuando se interroga acerca de esta “doble” devoción no se llega a entender claramente como funcionan, al menos eso fue lo que nos ocurrió a nosotros, pero es así, esta internalizado en cada uno de ellos y es sumamente respetable. 

El camino hacia el Hornocal

Junto con Ani y yo viajaron dos mujeres, una francesa y la otra mexicana que vivía en Paris y traducía a la otra todo lo que íbamos hablando. Estaban haciendo un viaje relámpago por el norte recabando información para actualizar una revista de turismo francesa muy conocida pero que lamentablemente no recuerdo su nombre. “Acá la gente no necesita mucho para vivir, se compra una bolsa de harina y amasa pan y otras cosas, una de papas o alguna otra cosa más y tira todo el mes, también se carnea un cordero o algún otro animal, se lo seca y listo” nos contaba Juan simplificando a su manera la vida de la gente que vive un poco más alejada de la ciudad, en el camino al Hornocal. Yo le dije: “A nosotros nos cierra el supermercado y nos volvemos locos”, pienso que a veces nos complicamos tanto…

Fin del camino, Juan nos llevó hasta un mirador natural que se encuentra frente a los cerros del Hornocal, nos contó que a unos km hacia abajo corría un rio. Estábamos a 4300 msnm, jamás habíamos alcanzado semejante altura, y se sentía bastante la falta de oxígeno. El lugar es increíble, se aprecia una geografía única, la sensación de pequeñez que se siente es indescriptible... Estuvimos una hora sacando fotos y nos sentamos a descansar en la poca hierba que sobrevive adaptada a las inclemencias del clima de altura. Para acceder a un sector un poco más alto y un poco más cercano a los cerros había que seguir un camino que primero descendía unos 50 mts. que era un tanto empinado y luego volvía a ascender unos metros más adelante pero con menos pendiente. Desde allí se podía ver claramente el rio allí abajo que se perdía detrás de otro cerro y en cuyo pie se encontraba la comunidad del Hornocal. El nombre de esta comunidad se debe a que en tiempos pasados los habitantes se dedicaban a extraer piedras del cerro (que son como lajas) las cocían en hornos y las convertían en cal. La cal se utilizaba, entre otras cosas, para tareas domésticas como, por ejemplo, cuando se carneaba algún animal se separaba la piel del cuero dejándolo unos días envuelto en cal, luego podían comercializarlo.
La subidita empinada para emprender el regreso fue fatal. Tuve que detenerme tres veces porque me faltaba el aire y el cansancio se sentía muchísimo, jamás me había sentido así. A partir de ese momento comencé a sentir las consecuencias del apunamiento. En el viaje de regreso vimos vicuñas que andaban pastando, pero al acercarnos un poco salían volando. La llama es domesticable, nos contaron, con la vicuña es imposible la domesticación. También vimos unas flores rojas que brotaban de algunos cardones, habíamos visto durante el viaje blancas y amarillas, pero jamás rojas, las únicas de todo el viaje.

Ani, yo y la inmensidad del Hornocal de fondo

Al llegar otra vez al puente Juan nos recomendó que vayamos a comer a lo de Matías Tejerina, un restaurant que estaba a unas pocas cuadras, sobre la avenida Belgrano. Nos despedimos y le hicimos caso, fuimos a comer allí. Tengo que contar que se come excelente, y que además, como estábamos en plena jornada de festejos patronales, había mucha gente y músicos que llegaron a Humahuaca desde distintos lugares de la provincia. Un trio se presentó en lo de Matías, eran salteños que al ritmo de guitarra, bombo y bandoneón recibieron aplausos, algunos comensales bailaron y pasamos un almuerzo muy entretenido.

Los preparativos para la celebración
En todo Humahuaca estaba anunciado que a partir de las 19 hs. comenzarían los festejos “ruidosos” en la plaza y en la iglesia. Efectivamente, de los pueblos de los alrededores comenzó a llegar más gente y varios grupos de muchachos de todas las edades que portando bombos, redoblantes y zampoñas tocaban unas marchas musicales muy particulares. No sé cómo describirlas, no eran como los ritmos sayeros de las comparsas de carnaval, era distinto. En el transcurso del día estuvimos hablando con varias personas, sobre todo vendedores de los innumerables puestos de venta de artesanías y ropas que existen en Humahuaca. Cuyos precios, dicho sea de paso, son los más bajos de la quebrada. La mayoría nos contaba como destacado el momento en que se iba a realizar el famoso “baile del torito” alrededor de las 21:30 hs., luego de la procesión de la virgen. Con ansiedad esperamos ese momento que se hizo esperar un poco pero al fin llegó. La policía se encargó de cercar un sector desde la entrada de la iglesia doblando por una de las calles laterales de la plaza, de esta manera quedó un espacio libre de calle de unos 80 mts, nosotros estábamos en uno de los costados agolpados, detrás de los cercos, con toda la gente. Los muchachos seguían meta música en la plaza, el ruido era ensordecedor. Resulta que no entendíamos bien la relación torito-virgen, pero una mujer con la que hablé al día siguiente me explicó que la aparición de la Virgen de la Candelaria fue sobre la cabeza de un toro, de ahí el baile. Bueno, el momento es un poco difícil de explicar, uno pasa de la emoción, de la intriga de saber qué es lo que va a pasar al susto y la preocupación.  En definitiva no pudimos ver mucho, tal es así que pensaba sacar fotos y no tuve demasiada suerte. El torito es personificado por una persona que porta encima suyo una cabeza y un manto que vendría a ser el lomo de un toro, ponele. Eran 4 o 5 toritos. La cabeza del toro tiene unas luces en los ojos y sobre el manto, que es recto, duro, como si llevara una madera encima se colocan unas tiras de cohetes que, al estallar, chispean y chispean. Las tiras comienzan en la cabeza y recorren en zigzag todo el manto. Al encenderlas esta persona empieza a moverse, pero se mueve de tal manera que va de un lado a otro de la calle acercándose a la gente. Entonces cada vez que se venía encima nos agachábamos y empujábamos todos para evitar quemarnos con el chisperio que lanzaban los toritos “¡cuidadoooooo!” se escuchaba repentinamente y luego varios ”¡Uuuuhhh!”. En fin…luego entendí porque habían aparecido algunos bomberos con matafuegos...


Más allá de la preocupación momentánea luego nos reímos mucho, Humahuaca y su gente son una locura increíble. Fue toda una celebración extraña para nuestra idiosincrasia porteña pero la experiencia estuvo muy buena. Luego llegaron los fuegos artificiales y la música en vivo. También llegó la lluvia como para bendecir el evento porque fue cortita y no empaño para nada los festejos. Nosotros fuimos a comer algo, justo estaba jugando Racing con Independiente (literal, uno jugaba con  el otro ja!). Después de gritar los dos goles de la Acadé nos fuimos a dormir, cansados pero contentos. Al día siguiente nos íbamos rumbo a La Quiaca para pasar unos días en Yavi.

Viene de: Diario de Viaje - Día 10 – Humahuaca. Devoción por la Virgen de la Candelaria
Sigue en:

Correción: Laura Beroldo (http://www.laura-exlibris.blogspot.com.ar) 
Fotos: El Cocoliche 
Video: extraido del canal de youtube https://www.youtube.com/user/fer1david

No hay comentarios:

Publicar un comentario